World Rugby y el césped artificial en el deporte

Autores: Jorge García-Unanue, Enrique Colino, Javier Sánchez-Sánchez, José Luis Felipe, Samuel Manzano-Carrasco, Manuel León-Jiménez, Antonio Hernández-Martín, Marisa Martín y Leonor Gallardo

El césped artificial se ha convertido en la superficie de referencia para la sostenibilidad en muchos deportes. Por ejemplo, en el caso del fútbol encontramos el “FIFA Quality Programme for football turf”, un metódico y ya consolidado programa de calidad para el desarrollo del césped artificial y su uso funcional y seguro tanto para el fútbol base como de rendimiento. En la actualidad es impensable que un municipio o club con muchas escuelas deportivas o practicantes puedan prestar servicio suficiente y de calidad si no incluyen campos de césped artificial. Al igual ocurre con el hockey hierba, donde las características técnicas para este deporte, con fibras de césped muy cortas, hacen casi imposible el mantenimiento de una superficie natural. También es destacable el caso del pádel, donde la práctica totalidad de superficies son de césped artificial.



Pero entre los diferentes deportes que se juegan en césped, el rugby no había tenido tanto desarrollo en el control y evaluación de superficies deportivas. Sin embargo, esto está cambiando recientemente por la apuesta de World Rugby, el máximo organismo regulador de este deporte a nivel mundial, a través de su programa “Player Welfare. Putting players first”. En este programa se están incluyendo diversas políticas y requerimientos para las competiciones internacionales oficiales, en materia de protección del deportista, regulación de las superficies de juego, así como la innovación y desarrollo en este deporte. Concretamente, el control en materia de césped artificial se consolida con la World Rugby Regulation 22, cuyos requerimientos técnicos hacen efectivo este requerimiento desde 2017. La estructura es similar a la del programa FIFA, y consta de los siguientes pasos:   

Evaluación del producto en laboratorio. Este test se debe realizar por un laboratorio acreditado para ensayos de laboratorio, y es solicitado por el propio fabricante para que su producto de catálogo cumpla diversos requerimientos. Estas pruebas son más costosas y requieren de más tiempo, pues al evaluar un producto de fábrica en condiciones de laboratorio se pueden controlar muchas variables. Por un lado se evalúan pruebas de rendimiento deportivo (interacción superficie-jugador y superficie-balón) en muestras en estado normal, así como en muestras sometidas a humedad, desgaste y diferentes temperaturas. Por otro lado, se realizan comprobaciones de sus elementos estructurales como la resistencia de la fibra o su peso.
Evaluación del producto in-situ. Esta es la evaluación más delicada, pues, aunque el producto ya tiene que tener el sello de laboratorio, en este caso las evaluaciones se realizan sobre el terreno donde numerosos factores entran en juego: sub-base donde se instala, ejecución de la instalación del césped, problemas en la distribución de los rellenos etc. También se realizan dos baterías de test, en este caso por un laboratorio acreditado para ensayos in-situ. En primer lugar se evalúan las características estructurales de los materiales para comprobar que coincidan con el producto ofertado. En según lugar, y lo más importante, se evalúa el rendimiento deportivo a través de la comprobación e las propiedades mecánicas en diferentes zonas del terreno.
• Una vez superadas las dos evaluaciones, Wold Rugby recomienda certificaciones periódicas cada dos años y obliga a desarrollar un correcto mantenimiento.



Las pruebas a desarrollar se basan en la imitación de patrones entre el jugador de la superficie y la pelota con la superficie. Para ello se han fundamentado en los test establecidos en el programa FIFA y otros test de seguridad para superficies de parques de recreo. Las pruebas son las siguientes:
Rebote vertical de balón (debe botar entre 0.6 m y 1.0 m dejando caer el balón desde una altura de dos metros).
• Mediante un dispositivo denominado Atleta Artificial Avanzado, o AAA, se estima la absorción de impactos y la deformación vertical (la absorción debe estar situada entre 55% y 70% y la deformación entre 5.5 mm y 11.0 mm). Además, incluye una prueba nueva que no está contemplada en otros deportes, la energía de restitución (que debe estar situada entre el 20% y 50%).
Atenuación de impacto, mediante el Head Injury Criteria (HIC), también prueba exclusiva de este deporte y que estima la altura crítica de caída (que debe ser superior a 1.3 m).
Resistencia rotacional, para evaluar la resistencia al giro (los resultados deben estar entre 30 Nm y 45 Nm).

La Federación Española de Rugby se ha hecho eco de esta normativa, y en 2018 publicó y consolidó este requerimiento para todos los campos en los que se disputen competiciones de primera división. Además de las obligaciones de evaluación en campos de hierba natural, se incluyen también los requerimientos de World Rugby para césped artificial. Esto supone un verdadero avance normativo en materia de superficie deportivas pues incluye un requerimiento explicito y responsabiliza a clubes y propietarios a su cumplimiento, algo que todavía no se ha regulado completamente en deportes como el fútbol, donde en la inmensa mayoría de las situaciones esta necesidad es opcional o queda supeditada a la preocupación del propietario de la instalación.

El Grupo IGOID se ha sumado a esta preocupación y tendencia, y actualmente ya ha superado las pruebas de laboratorio Wold Rugby in-situ y está finalizando los trámites administrativos para su incorporación como partner oficial. Una vez completado este trámite, podrá actuar como laboratorio acreditado para declarar el cumplimiento de la normativa World Rugby. Además, no sólo ha pasado a formar parte de esa selección de “World Rugby Accredited Test Institutes”, sino que además se ha sumado a sus actividades de innovación, participando recientemente en un encuentro internacional en Edimburgo para desarrollar nuevas adaptaciones y mejoras a la normativa actual.