La vieja y la nueva normalidad en el deporte

La sociedad se encuentra en una situación de cambio constante, de manera que lo que ayer se consideraba normal, mañana deja de serlo y, de acuerdo con el lenguaje utilizado por las autoridades en esta crisis sanitaria, se convierte en una nueva normalidad.

Esto es lo que ha ocurrido con la pandemia del COVID-19, y cuando pensábamos que, tras el Estado de Alarma, volveríamos a la normalidad, nos dicen que ya no es así, que es diferente y que debemos adaptarnos porque es nueva.

Pues bien, si hacemos un breve repaso a la situación de la actividad física y el deporte, antes de la crisis sanitaria, en lo que podríamos denominar como vieja normalidad, nos encontramos que el 37,8% de la población adulta (15 y más años) se declara sedentaria (Encuesta Nacional de Salud de 2017), lo que ha comportado altos niveles de sobrepeso y obesidad.



Las estadísticas nos informaban que también la población menor de 14 años, arroja datos muy preocupantes de sedentarismo (esta misma encuesta indica que un 73,9% de estos menores, están una hora o más de su tiempo libre cada día, frente a una pantalla de ordenador, tablet, TV, videojuego, etc.), y elevadas tasas de sobrepeso y obesidad.

La última encuesta nacional sobre hábitos deportivos de 2015, situaba el nivel de práctica deportiva en el 46,2%, realizada mayoritariamente al aire libre, de forma libre y no organizada, y cuya motivación es estar en forma, entretenerse y por motivos de salud.



En el confinamiento, se han elaborado algunas encuestas que muestran que una gran mayoría de personas ha seguido realizando ejercicio físico en su casa, en una alta proporción siguiendo las sesiones dirigidas por técnicos de manera digital y a través de las redes sociales, manifestando su deseo de volver al centro deportivo o gimnasio.

No debemos olvidar que antes de la epidemia, más de 4.700 centros deportivos prestaban sus servicios a más de 5,5 millones de personas, generando más de 214.000 puestos de trabajo, con un impacto económico muy favorable.



Esta epidemia ha puesto de manifiesto, que somos vulnerables ante la enfermedad y que la situación de miedo, será irremediable, generando mucha incertidumbre e inseguridad.

Pero también ha puesto de relieve que necesitamos movernos y relacionarnos, y que los muchos beneficios que aporta la actividad física y la práctica deportiva, tanto desde la perspectiva de la salud, como desde la educativa y social, son absolutamente necesarios e insustituibles.

Con estos indicadores, la previsión era relativamente optimista ya que los hábitos deportivos de la población están muy afianzados, pero en la nueva normalidad no está muy claro cómo va a evolucionar la actividad deportiva.



Parece evidente que vamos a atravesar una difícil situación económica y social, que probablemente generará un aumento de la práctica deportiva por libre, en espacios abiertos y naturales, más austera, orientada a la salud y al bienestar personal y social, pero con una mayor exigencia de seguridad en los espacios y en las actividades.

Si estamos de acuerdo en que el deporte favorece una sociedad más sostenible, así como que es un sector generador de empleo y dinamizador económico, promotor de estilos de vida saludables y que contribuye al ahorro de costes sanitarios, las instituciones públicas, ahora más que nunca, deberían promover campañas para incentivar y motivar la práctica deportiva.



La nueva normalidad en el deporte, reclama y exige mejorar la cooperación público-privada, y poner en valor a los profesionales de la actividad física y el deporte, y su imprescindible papel en la educación, la salud, la administración y gestión, como garantía de conocimiento y confianza.

Si entendemos que la actividad física y el deporte son de interés general, es momento de reducir el tipo impositivo de IVA para favorecer y hacer accesible la práctica deportiva en condiciones de calidad y seguridad.



Los espacios deportivos y las ciudades deberían convertirse en espacios sostenibles, activos y saludables, que favorezcan la convivencia social y la promoción de la salud, y en este ámbito, debiéramos repensar la función de las residencias de mayores, como puntos de encuentro para el envejecimiento activo y saludable.

Para finalizar, no debemos olvidar que antes de esta crisis sanitaria, ya estábamos en emergencia climática, y debemos entender que esta nueva normalidad, es responsabilidad de todos y junt@s lo haremos mejor.