"El aspecto más destacable e innovador de estos Juegos ha sido el enfoque de sostenibilidad"

¿Qué aspectos le han llamado la atención en Tokio desde el punto de vista de la gestión deportiva?
Teniendo en cuenta las dificilísimas circunstancias en las que se han celebrado estos Juegos, con la complejidad sanitaria, política y logística a la que se han tenido que enfrentar, se puede afirmar que la simple organización de estos ya debe considerarse un éxito del movimiento olímpico internacional y de los organizadores.

Sin embargo, en comparación con las últimas ediciones, creo que no hay mucho que destacar, pues la cultura organizativa de Japón y su cadena de mando jerarquizada en la toma de decisión, dificulta mucho la necesaria flexibilidad que la organización de eventos deportivos requiere para resolver situaciones imprevistas de manera ágil y rápida.

Creo que el aspecto más destacable e innovador ha sido el enfoque de sostenibilidad que han tenido estos Juegos, no solo desde una perspectiva medioambiental, donde se ha implementado algunas novedades simples y poco costosas, si no un enfoque más global, teniendo como referencia los objetivos de desarrollo sostenible de la agenda 2030, con una clara referencia a la inclusión social.

¿Qué novedades ha encontrado en las instalaciones deportivas o en la organización deportiva?
Desgraciadamente, con la limitación de movilidad que hemos tenido la mayor parte de los participantes, no he tenido la oportunidad de visitar otros deportes e instalaciones, más allá del evento de bádminton, que se ha organizado en una magnifica instalación municipal de nueva construcción con más de 9.000 asientos “vacíos”, que han deslucido el espectáculo. No obstante, la producción televisiva ha sido de muchísima calidad en un escenario realmente espectacular.

Sin embargo, siendo los Juegos en Japón, me los esperaba mucho más “tecnológicos”, con los últimos avances aplicados al deporte y una mayor presencia de inteligencia artificial y robótica, particularmente para incrementar el “engagement” del público ausente.

El diseño del proyecto olímpico de Tokio ya adolecía de una estructura compacta con diferentes áreas de concentración de deportes o la ausencia de un parque olímpico, reduciendo la interconexión entre sedes, lo que, unido a los problemas de transporte, ha dificultado la labor de los medios de comunicación para desarrollar de manera eficaz su cobertura.  

¿Qué lección podría aprender el deporte español de los JJOO de Tokio?
Desde una perspectiva organizativa, creo que la celebración de los Juegos ha demostrado que el deporte, con las medidas adecuadas, es una actividad segura en tiempos de pandemia, siendo además una pieza fundamental en la salud integral de la población, por lo que hay que retomar la apertura de la práctica deportiva a todos los niveles de manera urgente, con los procedimientos y garantías adecuadas.

No obstante, si hablamos de la participación deportiva del equipo español, dejando a un lado el número de medallas y su color, creo que el deporte español necesita urgentemente una revisión del modelo deportivo a todos los niveles, especialmente en el ámbito del deporte federado y el alto rendimiento, que se ha ido demorando por la consecución de cierto nivel de resultados deportivos tanto en los Juegos como en deportes con gran repercusión mediática, lo que nos ha llevado a caer en la autocomplacencia de pensar que lo estábamos haciendo bien, pero ni sin tan siquiera saber por qué o cómo. La inexistencia de un Plan Estratégico Integral del deporte en nuestro país, que es el eje central del desarrollo deportivo de los países de referencia habituales, como Italia, Francia, Alemania, Reino Unido y el de los países que se encuentran en el top 20 del medallero olímpico, es uno de los elementos claves que requieren de una acción directa del Consejo Superior de Deportes, en coordinación con todas las administraciones, y con el tejido asociativo y empresarial del sector deportivo, para transformar nuestras estructuras y hacernos mucho más competitivos, en beneficio de una industria que se ha convertido (y declarado) “esencial” para el bienestar de la población y del desarrollo integral de nuestra sociedad.

Desgraciadamente, ahora estamos nuevamente retomando el debate sobre una nueva ley del deporte, pero sin haber reflexionado previamente sobre el modelo que necesitamos o deseamos. Hemos empezado a construir equivocadamente la casa por el tejado, pues primero necesitamos saber cual debe ser nuestro modelo deportivo, para después darle la cobertura legal necesaria que, además, permita asegurar una financiación adecuada, estable y a largo plazo, de un modelo renovado para un escenario postCOVID que resultará complejo, y con nuevos retos para el sector y para el conjunto de la sociedad.