Enric Truñó: "Los Juegos de Barcelona'92 fueron un magnífico aliciente y escaparate para fomentar la práctica de actividades físicas y deportivas"

Tuve la suerte de conocer a Enric Truñó allá por 1988, momento en el que estaba en plena ebullición olímpica Barcelona, su Barcelona natal, en cuyo ayuntamiento ostentaba el cargo de “regidor”, pero no era un concejal más de la institución: Enric era el regidor responsable de los Juegos Olímpicos que habrían de celebrarse en el 92 y de los que este año se cumple el trigésimo aniversario. En aquellos momentos tuve la oportunidad de coincidir con Enric Truñó en la Junta Directiva de la Federación Internacional de Deporte para Todos (la FISPT), que presidía el belga André Van Lierde. Desde entonces sigo su trayectoria política y profesional con tanto interés como admiración. De todo ello nos habla en DIRECCIÓN Y GESTIÓN DEL DEPORTE.

Definiría al Sr. Truñó como un “político del deporte”, y, desde mi perspectiva, ya larga, no he conocido demasiados. Creo que el deporte era su lugar para hacer política, no parecía estar de paso, como suele acontecer.


Enric Truñó, en el centro, junto a Pasqual Maragall y Juan Antonio Samaranch

Hablar de Enric Truñó es casi inimaginable sin mencionar, de una u otra forma, los Juegos Olímpicos del 92. ¿Le molesta esa, casi permanente, relación?
¡En absoluto, al contrario! Cuando en octubre de 1981, el alcalde Narcís Serra me nombró concejal de deportes, añadiendo esta responsabilidad a la de Juventud que había desarrollado desde el inicio del periodo municipal en 1979, ya se estaba hablando de la posibilidad de la candidatura para el 92. De hecho, el Consejo Plenario municipal, el 30 de junio anterior, había votado unánimemente a favor de iniciar el proceso. Inmediatamente me incorporé al equipo de trabajo creado a tal fin, participando en la elaboración del informe “Proyecto de Juegos Olímpicos Barcelona 1992. Primeras aproximaciones” coordinado por Romà Cuyás, presentado a Samaranch en noviembre del 82.

Un proyecto de esta dimensión y características te abraza y te implica tanto que da una especial dimensión política, social y personal a toda tu tarea. Te sientes implicado a fondo y comprometido en el proyecto. Y, también contento y honrado de formar parte del mismo.

Además, yo tuve la oportunidad de verlo culminado en el 92 y un año después, cuando oficialmente se disolvió el Comité organizador. Y aún en los tres años posteriores, cuando se logró poner en funcionamiento todo su legado de instalaciones.

En la introducción de esta entrevista hablo del deporte como su “lugar para hacer política”. ¿Cree que el deporte conforma espacios eficaces para la trasmisión de ideas o ideologías políticas?
El deporte en general, como tantas actividades humanas, es un espacio donde la complejidad y diversidad social de nuestra sociedad se refleja. En este sentido creo que la política está presente. Me gustaría hablar de la política en su más profunda realidad. De los valores sociales y humanos relacionados con el deporte. De las prioridades de actuación para hacer frente a las desigualdades. Del compromiso para hacer realidad el deporte para toda la ciudadanía. Del deporte como instrumento de promoción de la salud y de la cohesión social.

Evidentemente no estoy hablando de “las cosas de la política”, sino de “la política de las cosas concretas”.  No estoy hablando de una determinada ideología política, usada de manera sectaria, sino de aquellos valores nuevos que nuestra sociedad quería vivir en la nueva democracia y que instituciones como el Consejo de Europa había definido unos años antes para el papel social del deporte.


                                                  Truñó y Maragall, a pie de campo

Los historiadores suelen fijar el fin de la “Transición” política española en octubre de 1982, fecha en la que se celebraron las elecciones generales que llevaron a la presidencia del Gobierno a Felipe González. Tan sólo un mes después se creaba en Barcelona la “Oficina Olímpica”. ¿Fue el 82 también el final de la transición deportiva en España?
Seguramente en este entorno se puede situar. Hay un conjunto de hechos que confluyen en este momento. Las comunidades autónomas están recibiendo los traspasos de competencias de sus estatutos y empiezan a estructurarlas. Los ayuntamientos han irrumpido como nuevos agentes deportivos, abriendo puertas para la incorporación de nuevos sectores de la población a la práctica deportiva. El nivel del deporte de alta competición ya es bastante alto en el conjunto de España.

Ese verano se celebra la Copa del Mundo de Futbol, con gran éxito organizativo y escaso de la selección. El relevo en la Secretaría de Estado para el Deporte, con la llegada de Romà Cuyas, genera un cambio en las estructuras del deporte federativo con una importante renovación de dirigentes. Todo eso, en conjunto, pone las bases para una nueva etapa deportiva.

Barcelona tiene muchos sobrenombres: la ciudad condal, capital española del modernismo, cuna de Gaudí o de Miró… incluso la ciudad del Barça. Pero es, además, “la ciutat de les anelles” (la ciudad de los anillos). ¿Por qué este último apelativo debe tener, cuando menos, el mismo peso que todos los demás?
Porque hace referencia a dos aspectos importantes de la vida e historia de la ciudad. Hablamos de los anillos olímpicos que representan, por un lado, el nivel de practica social del deporte en Barcelona, especialmente a través de su rico bagaje de clubs, asociaciones y federaciones deportivas. Eso es algo que tiene una gran historia y tradición en la ciudad. No viene solo desde la transición democrática sino de hace más de un siglo. Sólo recordar que Pierre de Coubertain, en su visita a Barcelona en 1926, decía por escrito: “Antes de conocer Barcelona, yo creía saber lo que era una ciudad deportiva".

El otro aspecto hace referencia a la vivencia y al legado olímpico. Barcelona supo aprovechar la oportunidad que le brindaba la organización de los Juegos abriéndose al mar, equilibrando el territorio con sus cuatro áreas olímpicas, coordinándolas con la creación de los cinturones de ronda que eliminaron un 20% del tránsito del centro de la ciudad, “colocando la ciudad en el mapa”, y viviendo “los mejores Juegos Olímpicos de la historia”, Samaranch dixit.

Se dice y escribe con frecuencia que Barcelona 92 cambió la imagen de la ciudad, pero usted afirma en “Las claves del éxito”, que cambió, además, los “usos y costumbres deportivos de la población. ¿Ese cambio está perviviendo tanto como el de la imagen de Barcelona?
¡Si, los cambió y ese cambio pervive! Pero no fue debido, únicamente, al impulso de los Juegos. De hecho, ya en la fase de candidatura iniciamos una amplia campaña de promoción de la actividad física y el deporte en el medio escolar, “A l’escola, més esport que mai” para poner al día las instalaciones deportivas escolares, el reciclaje de los maestros de los centros públicos de primaria, la distribución de material y equipamiento deportivo, la animación en las escuelas a través de los “dimecres olímpics” y un conjunto complementario de actividades. Queríamos no dejar al margen el ámbito escolar, ya que pensábamos que no era justo poner todo el esfuerzo en el deporte de alta competición sin hacer partícipes desde la base a los niños y niñas de la ciudad. Se puso, también, durante todo el periodo pre-olímpico, un gran esfuerzo en la promoción deportiva de actividades de “deporte para todos” en los periodos vacacionales “campus” y “casals”, dando a conocer un gran número de disciplinas deportivas minoritarias “Donem a coneixer” y generando actividades masivas de participación como las “curses” de distinto tipo y fiestas de la bicicleta o del patín. Todo esto completando la tradición deportiva de la ciudad.

Evidentemente, los Juegos, en sí mismos, fueron un magnífico aliciente y escaparate para fomentar el deseo de práctica de actividades físicas y deportivas. En esa época decíamos que la actitud de la ciudadanía era “Juegos Olímpicos, si, ¡pero yo también!”.
Después de los Juegos nos encontramos con el desafío de poner en funcionamiento ordinario el legado de instalaciones deportivas a través de nuestro sistema de concesiones de gestión, especialmente a clubs y federaciones. ¡Lo logramos! Para las cuatro grandes se constituyó, ya antes de los Juegos, la empresa municipal “Barcelona Promoció” para su explotación.

Este conjunto de actuaciones, en un ambiente propicio, generó un ambiente y una voluntad de práctica por parte de la ciudadanía que, entre otros aspectos, llenó las nuevas instalaciones concesionadas, abonándose a las mismas.

Hoy, 30 años después de la celebración de los Juegos, continua esta dinámica positiva de participación en los 42 “Centres Esportius Municipals”, con más de 200.000 abonados.

Evidentemente, en el periodo de la crisis económica y en el de la pandemia, esta dinámica se ha resentido, empezando ya a remontarse.

Puedo concluir diciendo que la práctica de actividades físicas y deportivas forma parte del ADN de la ciudad, que ha sabido aprovechar una dinámica favorable con los Juegos y también la dinámica favorable de nuestra sociedad, en conjunto, hacia el deporte como elemento de salud, ocio y cohesión social. Eso no quiere decir que hoy no se planteen nuevos retos.


Truñó, a la izquierda, en una prueba de esquí

Entre 2010 y 2013 fue responsable de la candidatura “Barcelona Pirineos 2022” para organizar los JJOO de invierno que, finalmente han tenido lugar este año en Beijing.  ¿Qué supuso para usted la decisión del alcalde Trias de renunciar, a finales de 2013, a la presentación de la candidatura?
Tuve el honor y la responsabilidad de ser el Comisionado para la candidatura con dos alcaldes distintos, Jordi Hereu (PSC) y Xavier Trias (CiU). Yo valoro eso como el símbolo de que se hizo un trabajo amplio, bien hecho en el que se estudió a fondo la viabilidad del proyecto según los requerimientos del CIO y de las Federaciones internacionales y también de la sostenibilidad del mismo.

Tuvimos tiempo para trabajar, recursos económicos y un muy buen equipo. Logramos presentar al Plenario municipal una propuesta completa, coherente y que encajaba con las estrategias de la ciudad y del Pirineo. Factible.

Los grupos municipales no se pusieron de acuerdo y el alcalde Trías no se atrevió a presentarla al COE. Es probable que el proyecto no estuviera suficientemente maduro desde una perspectiva social y que el alcalde dudara de la conveniencia de liderarlo.

Para mi significó una cierta desilusión, no tanto a nivel personal, sino debida al hecho de la dificultad o incapacidad de realizar un debate a fondo del proyecto, entrando en los datos, retos, propuestas, recursos, motivaciones, inversiones que había en la propuesta presentada y quedarse en la superficie del mismo   discutiéndola con apriorismos, juicios de intenciones, sin ponderación adecuada y con argumentaciones tácticas y sectarias. Así es muy difícil enfrentarse a proyectos de la complejidad de una candidatura olímpica.

La ciudad japonesa de Sapporo, la norteamericana Salt Lake City y la candidatura conjunta canadiense de Vancouver y Whistler, parece que optarán a la organización de los Juegos de invierno de 2030. ¿Qué posibilidades le concede a una posible candidatura pirenaica?
Le concedo un nivel de posibilidades medio. Juegan a favor de las mismas el prestigio de la ciudad de Barcelona entre la familia olímpica y su buen posicionamiento internacional. También la capacidad organizativa en el ámbito deportivo que el país en su conjunto, ha demostrado para las competiciones de nivel internacional. Y, finalmente, el reto y oportunidad para el movimiento olímpico de incorporar a una nueva cadena montañosa como los Pirineos en el concierto de los deportes de invierno y, en concreto, en los Juegos Olímpicos invernales.

Frente a los posibles rivales señalados, nuestras posibilidades disminuyen porque todos ellos tienen la experiencia de haber organizado con éxito ediciones de los Juegos olímpicos de invierno. También porque disponen de todas las instalaciones que requiere la organización del acontecimiento. Y, también, de un muy alto nivel de deportistas, de cultura social de los deportes invernales y de una gran capacidad de presencia en las federaciones internacionales de esos deportes.

Tenemos nuestras oportunidades y debemos jugarlas bien.

La candidatura a los JJOO de invierno en 2030, sería conjunta Aragón-Cataluña ¿Cómo se asume este co-protagonismo en la actual coyuntura política?
Es un reto difícil. En España no hay una buena tradición de cooperación organizativa entre comunidades autónomas. Un proyecto de esta dimensión, como se demostró en Barcelona 92, necesita de un liderazgo fuerte y cercano a un territorio concreto. Es evidente que ahora es otro tipo de Juegos, ya que la mitad de ellos se realizan en una cadena montañosa y en sus estaciones y, además, el propio CIO ha modificado sus planteamientos. Por tanto, puede haber un nuevo enfoque.

En esta nueva situación, hay un tema de partida que no aclara la situación. Vosotros me preguntáis sobre una “candidatura conjunta Aragón-Cataluña”. Esta candidatura no ha surgido así. No ha habido un punto de partida en el cual las dos comunidades se han planteado conjuntamente realizar una propuesta de candidatura y elevarla al COE para su aprobación y presentación al CIO y al Gobierno de España para su compromiso y ayuda. Eso es lo que se hace siempre en todo tipo de candidaturas.
Veo las dificultades del coprotagonismo, no tanto por la actual coyuntura política, cada vez mas complicada, sino por la génesis del proyecto.


Truñó, en una marcha popular en bicicleta junto al por entonces alcalde de Barcelona

Decía el alcalde Pasqual Maragall, en “las claves del éxito”, que la auténtica clave del éxito de Barcelona 92 fue la “complicidad”, entre instituciones y entre éstas y la ciudadanía.  ¿De qué manera ha influido la década de procès catalá en lo que para España y el mundo fue un ejemplo de unidad de objetivo?
Esto es muy delicado. En el 92 la propuesta partía de la ciudad. El Gobierno de Catalunya y el de España aceptaron esa iniciativa y colaboraron en su desarrollo.

Hoy, en general, no hay esa “complicidad entre instituciones”, siendo el escenario mucho más complejo. El “procès català” creo que no ha influido en la valoración del pasado. Pero ha generado, por ambas partes, recelos y dificultades de colaboración de cara al futuro. No está escrito que no se puedan superar y encontrar la fórmula de colaboración adecuada.


Truñó, en la actualidad en su despacho

Hoy usted es patrono de la Fundación Barcelona Olímpica, cuya misión se proyecta sobre el legado de 92 y la difusión de los valores del deporte. ¿Es este un lugar idóneo para poner colofón a una trayectoria de más cuarenta años de singladura político-deportiva? ¿O se trata de un nuevo paso en dicha trayectoria? Muy exitosa e interesante, por cierto, desde nuestra perspectiva.
Fui uno de los primeros patronos de la Fundación en el momento de su creación hasta julio del 95, cuando terminé con mis responsabilidades deportivas en el Ayuntamiento de Barcelona. En estos momentos tengo la mejor disposición para volver a colaborar en el marco de la Fundación en la difusión de los valores del deporte. La palabra colofón me impresiona…